Pinta Quevedo lo que pasaba en su tiempo en el siguiente soneto

I

Grandes por mil maneras, cuatrocientos;
títulos por mil modos, mil y tantos;
hábitos que por manias visten mantos,
casi un millón y diez y siete cuentos.

Pródigos, secretarios y avarientos,
más que la vanidad previene espantos;
oidores, doce mil, y no a los llantos
de los pobres y míseros lamentos.

Ambicíon jesuíta disfrazada
con hipócrita y vil correspondencia:
el odio y la venganza está en su punto;

juntas que engendran aigo y paren nada,
viuda la rectitud, no la apariencia;
éste es de nuestro siglo fiel trasunto.

II

Mientras que, tinto en mugre, sorbí brodio,
y devanando en pringue y telaraña,
en ansias navegué por toda España,
ni fui capaz de envidia ni de odio.

Mas luego que tan puto monipodio
hizo de mí fortuna tan picaña
Pasquín tiene conmigo grande saña
y todo soy preguntas de Marfodio.

¡Oh santo bodegón! ¡Oh picardía!
¡Oh tragos; oh tajadas; oh gandaya;
oh barata y alegre putería!

Tras los reyes y príncipes se vaya
quien da toda la vida por un día,
que yo me quiero andar de saya en saya.

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